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viernes, 8 de agosto de 2014

La caída de un ángel.

Fue todo tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar. Estábamos paradas en frente del ascensor. Ella abrió la puerta y pasó primera. En cuestión de segundos la perdí. El suelo se partió y ella cayó desde la planta quinta hasta el subsuelo. Yo tenía miedo, mucho miedo. No sabía qué hacer. Sólo se me ocurría llamar al teléfono de emergencias para que vinieran a rescatarla. Llamé y al dar la dirección me colgaron sin saber aún el por qué. Luego me quedé sin batería. Cogí mi segundo móvil, que afortunadamente llevaba conmigo, y marqué de nuevo el número 112. Esta vez no me colgaron pero la llamada fue recibida en Madrid. Yo estaba preocupada porque tuviésemos que esperar a que la ambulancia viniera de Madrid. Tardó en llegar y mientras llegaba o no los vecinos seguían llamando el ascensor. Era extraño que al estar roto el suelo siguiera funcionando y temía que con tanta subida y bajada la aplastaran…Era de noche y los vecinos no dejaban de salir y entrar. Finalmente llegó la ambulancia con varios médicos. Me aferré al brazo de uno de ellos y pedí llorando que se salvara. Yo sabía que sería muy complicado que después de esa caída tan alta, la insistencia de los vecinos de llamar al ascensor y la espera interminable de la ambulancia, pudiera seguir con vida. Todo se volvía en su contra. Vi el rostro del médico que abrió la puerta y con ello se me fueron quitando las pocas esperanzas que tenía. Finalmente la encontró muerta. Estaba tan pálido su rostro que no era capaz de mirarla. La envolvieron en una sábana igual de blanca que su piel. Yo no dejaba de llorar y gritar. El dolor era tan inmenso que me estaba matando. Sentía que con ella se iba parte de mi vida. No podía mirarla por más que quisiera. No quería tener esa última imagen de ella. Me puse las manos en la cara cuando se la llevaban y entre abrí los dedos para ver lo preciso. Afortunadamente llegaron mis familiares. No sé quién pudo avisarles pero sentí un alivio al verlos. Pregunté cómo íbamos a llevárnosla si su cuerpo tenía que enterrarse en su ciudad. Y además, tenía que avisar a sus familiares pero me sentía incapaz. Sentía que era culpable de su desdicha por haber venido a verme y haberse montado ella en el ascensor. Podría haberme subido yo primera o haber bajado juntas por las escaleras.

Desperté. Era una horrible pesadilla. Tenía los ojos húmedos pero en cuanto asimilé lo ocurrido comencé a llorar de una forma que no había llorado nunca por nadie. Tenía ansiedad de sólo imaginarlo. La amaba y no podía pensar que ella hubiese muerto. Esperé a que fuese más tarde para escribirle un mensaje, pues sólo eran las 5:30 a.m. A las seis de la mañana no podía esperar más y le escribí un mensaje corto pero intenso o al menos eso creía. Sólo quería saber si estaba bien pero no recibí respuesta…


miércoles, 6 de agosto de 2014

Te odio.

Te odio como nunca creí que podía odiar. Te odio como hace mucho que no odiaba a nadie. Deseo que sufras todo lo que haces sufrir al resto del mundo. No debiste nacer. Por gente como tú debería existir el aborto libre. ¿No te basta con estar muerta en vida? Que aún así necesitas joder a los que lo dieron todo por ti. Dime si después de mi hubo alguien más que te quisiera o que te hiciera feliz. La respuesta es un no rotundo. Tú nunca podrás ser feliz porque solo disfrutas dañando y viendo el mal ajeno. Y si ves contenta a esa persona haces todo lo posible por hundirla y verla retorcerse en la mierda como tú. Vives en la mierda y en ella te vas a podrir. Ni tus padres hacen vida de ti. Todos te odian, toda tu familia. Nunca has tenido amigos porque has ido sembrando a tus propios enemigos. Eres tú quien tiene un problema con el mundo. Llora, porque eso es lo único que sabes hacer cuando se te dice la verdad a la cara. Te haces la víctima y encima tienes la cara dura de considerarte un ser de luz. Y para colmo crees en Dios. Si Dios existiera la gente como tú no nacería. Ni se le pasaría por la cabeza crear a un engendro como tú. Eres un ser oscuro, lleno de maldad, que habita en las tinieblas. No siento nada por ti. Eres lo peor de la existencia. No queda ni una pizca de sentimiento hacia ti. Solo el de repulsión y asco. Me das asco en serio. ¿Cómo puedes levantarte cada día y mirarte al espejo? ¿No se rompe al ver tanta maldad reflejada? Todo tu corazón está cargado de rencor e ira. Eres una persona obsesiva. Llevas años obsesionada con la gente de tu pasado. Asimila que ya no existimos en tu mundo. Asimila que me perdiste hace 8 años. Déjame en paz. Elimíname de tu mente como yo hice. No me busques porque nunca me vas a encontrar. Deja de llamarme con números privados. Deja de dar mi número a personas que ni conozco. Deja de intentar robar mis contraseñas para leer todo lo que escribo. Déjame vivir. Haz como que nunca me conociste, como que nunca existí para ti. Eso es lo que yo hago o intento hacer cada vez que me recuerdas que sigues acechando desde la oscuridad. Tengo la certeza de que algún día estarás encerrada en un psiquiátrico pero afortunadamente yo no estaré aquí para presenciarlo. Estaré viviendo la vida que me robaste durante años.



lunes, 4 de agosto de 2014

Pasa la vida.

Estaba acostumbrada a ver a aquella mujer sentada en el mismo banco día tras día. El primer día fue como una persona más que ves por primera vez en tu vida y que queda retenida en tu pupila por unos instantes. El segundo día ya empiezas a fijarte un poco más y piensas que ayer mismo la viste. El tercer día ya te empieza a inquietar porque se encuentra siempre en el mismo lugar. Al cuarto día se convierte en tu rutina del día a día. Al quinto sabes que va a estar ahí, esperas a encontrártela porque así ha sido los demás días. Al sexto ya sonríes cuando aciertas que la vas a volver a ver a la mañana siguiente.
 Y así pasaron las semanas y yo caminaba por el mismo parque y veía a la misma mujer sentada en el mismo banco. Siempre llevaba una falda blanca. Algunas mañanas las palomas comían a su alrededor. Otras mañanas se encontraba sola, como si esperara a alguien. Notaba cierta incertidumbre en su rostro. Creo que se iba a reencontrar con alguien, ¿una amiga quizás? Era una mujer entrada en años pero no anciana. Un día hice como que se me había desabrochado el cordón de uno de mis zapatos y me senté a su lado, en su banco. Al principio tenía miedo de que me mirara con extrañeza por ser tan osada de sentarme a su lado, justo en el lado de la persona que ella esperaba a diario y que nunca llegaba. Notó mi presencia pero no me miró. Siempre miraba al frente, al horizonte, como si no existieran las demás personas. Entonces me levanté y emprendí mi camino.
En casa no dejaba de pensar en quién podría ser aquella misteriosa mujer y a quién esperaría en el mismo lugar y a tal puntual hora. Sólo la lograba ver por las mañanas. Por la tarde paseaba por ese parque pero el banco estaba repleto de madres con niños. Por la noche el parque estaba cerrado. Después de un mes observando sus movimientos me percaté de que aunque no me mirase ella también reconocía mis movimientos, mis idas y venidas matutinas. A veces creía notar su mirada cuando ya estaba de espaldas. Tuvo que pasar un mes y medio para armarme de valor y sentarme de nuevo a su lado pero esta vez para preguntarle a quién esperaba y quién era ella.

Como cada mañana me desperté, me vestí rápidamente y ni siquiera desayuné. Era ahora o nunca y no podía perder ni un segundo más. Crucé el parque y allí estaba ella sentada. Me paré en frente de ella y esta vez me miró. Me dio los buenos días sin esperarlo y me sonrió. Hasta se atrevió a darme una regañina ya que estaba vez había llegado unos minutos más tarde. Me excusé diciendo que había tardado el autobús. Le pregunté si podía sentarme a su lado y asintió con la cabeza. Le confesé mis intrigas y ella no dejaba de sonreír pero notaba cierta nostalgia en su mirada. Se tomó su tiempo y me respondió con una frase que marco un antes y un después en mi vida. ‘’Hija mía no espero a nadie en particular. Desde hace un año me siento en este banco para ver pasar la vida. Veo pasar a los jóvenes como tú, tan alocados y con tantas prisas que no se detienen ni un minuto a mirar la estampa que yo contemplo. Alguna vez tendrás mi edad y reflexionarás estas palabras. Alguna vez podrás ver pasar la vida y te darás cuenta de lo que te perdiste en su día por no saber valorar lo maravilloso que es contemplar esta estampa’’. Me quedé atónita con sus palabras y me disculpé por tener que irme tan pronto pero debía ir a clases. A la mañana siguiente la mujer ya no estaba. Efectivamente, había visto pasar la vida y qué fugaz había sido.


sábado, 2 de agosto de 2014

Tras el olvido.

Era tarde, muy tarde y sólo podía ver la oscura noche que me atrapaba cada vez más. Salí de ese local apestado de gente, alcohol y música estridente. La cabeza me daba vueltas. Creo que había bebido un poco pero sólo un poco. No sabía como volver a casa. Mis amigas ya se habían ido y yo había conocido a algunos chicos en la discoteca pero estaban bebidos y no sería bueno que condujeran en ese estado. Había perdido la noción del tiempo allí dentro y no me había dado cuenta de lo tarde que era. Ya me había quedado sin tren y sin autobuses. No tenía tanto dinero como para pagar un taxi. Fui andando por la calle. No había ni un alma. A veces encontraba algún gato comiendo los restos de una cena anterior y que se refugiaba al escuchar mis pisadas. Salí del pueblo y me daba miedo caminar sola a esas horas de la madrugada pero no me quedaba de otra. Tenía que volver a casa y estaba a media hora de camino en coche. Así que no se cuando llegaría y si llegaría...Iba a toda prisa. Tenía miedo y frío, quizás por ese miedo. No pasaban coches y la noche era tan oscura. Sólo me iluminaban las estrellas. Me acompañaba el crujido de mis botas sobre el asfalto. Tenía miedo también de que mi madre despertara y no me viera en la cama dormida.
Escucho el ruido de un motor, un coche se aproxima. El corazón cada vez me va más deprisa. El motor va aflojando y noto como para cerca de donde yo estoy en el arcén. Se bajan unas piernas masculinas y algo gruesas. No me atrevo a mirarle. Me pregunta si va todo bien y me invita a subirme al coche. Le digo que no y sigo caminando pero él me sigue y me atrapa poniendo sus manos en mis hombros. Tiene una voz un tanto ronca pero a la vez melosa. Acepto subir al coche y le pido que me lleve a mi casa. Enciende la radio mientras y se fuma un cigarro. Me lo pasa pero le digo que no fumo. Intento controlar el temblor de mis piernas y de mis manos. Me siento incómoda con esa música, su voz y el olor a cigarro. Veo que se pasa el desvío a mi pueblo y con ello empieza mi angustia. Se que nunca más volveré a casa y que nunca más volveré a abrazar y a besar a mi madre. El coche cada vez acelera más y más. Va rápido pero mis latidos aún van más rápido que ese coche. No debí subirme, no debí ir a la discoteca, no debí salir aquella noche. Quiero dar marcha atrás pero no puedo. El coche se detiene en un descampado. No se donde estoy. La oscuridad me impide ver con claridad lo que pasa. Él se baja del coche y me obliga a bajarme. Quisiera ser una de esas lechuzas o pájaros nocturnos que se escuchan pero no quiero ser mujer en este momento porque ahora mismo es esa mi condena...

Al día siguiente la madre se levanta. Ve la cama vacía y un silencio profundo le invade su cuerpo. Va a comisaría y denuncia la desaparición. A partir de ese momento comienzan los interrogatorios a sus amigas, familiares, vecinos. Cualquier dato por pequeño que sea cuenta. Las noticias transcurren velozmente en los telediarios y en la prensa. Pero para su madre no hay consuelo y cada día que pasa es una condena. Sabe que nunca volverá, lo presiente. A veces siente a su hija por las noches pero despierta como si le faltara la respiración. Pasan los días, los meses y los años. Su hija nunca volvió y de la tele y prensa ya desapareció. El olvido es lo que queda de esa triste desaparición.
*Para todas las personas que desaparecen y que no dejan ninguna huella. *




viernes, 1 de agosto de 2014

Mis palabras.

Yo no maquillo mis palabras porque no me gusta el maquillaje. Tampoco busco sinónimos de palabras que se encuentran en un lugar recóndito del diccionario. Soy de frases cortas, tajantes y entendibles. Lo que busco es que el poco público que tengo me entienda y sepa de lo que escribo. Que capten el mensaje que quiero transmitirles. Que cuando lean algo mio sientan que les susurro al oído cada palabra, cada verbo, cada frase y cada párrafo. Que sientan a mis personajes inexistentes, aunque una vez que los imaginas ya les estás proporcionando vida en tu mente. Sentidlo como yo los siento al crearlos, poneros en su piel, reíd cuando ellos ríen pero no lloréis cuando la historia se termine porque todo en esta vida tiene su fin o un punto y aparte como queráis llamarlo. Me niego a maquillar mis palabras y a mis musas del arte. Me niego a pensar que no eres capaz de sentir lo que yo siento cuando escribo.


viernes, 25 de julio de 2014

La torre de Santa Pola.

Cuenta una leyenda medieval que en aquella torre, que se vislumbra desde lo alto de la colina, era el pequeño torreón que sirvió durante siglos para combatir contra los infieles y avisar de las incursiones de los piratas.
-¿Pero abuelo ahí no era donde encerraban a la princesa?
-No querida, este no es un cuento de princesas que buscan ser rescatadas por su príncipe azul ni de princesas que son encerradas por una malvada bruja o dragón.

Esta es la historia de una cristiana que se enamoró de una aldeana mora. La aldeana se hacía llamar Pola. La cristiana no se sabe el nombre que recibía pero se dice que tenía nombre de santa. Los padres de la cristiana eran mercaderes. Viajaban de pueblo en pueblo vendiendo sus productos artesanales y la chiquilla iba con ellos. Un día paseaba cerca de esta torre cuando vio que detrás de la puerta había una sombra oscura, cuyos ojos enormes estaban clavados en su mirada. Sorprendida se acerco más y se percató de que la sombra no era una sombra, era la piel de una aldeana mora. La aldeana sonrió pícaramente y subió los escalones de la torre. La cristiana, asombrada por esos ojos brillantes y su piel oscura, la siguió hasta el último peldaño. Ya en lo alto vio a la aldeana sentada en una de las almenas. Le señaló al cielo, estaba atardeciendo. El cielo era de un tono amelocotonado y los destellos de los últimos rayos solares eran de un rojo intenso que contorneaban la figura de la aldeana. Era la mujer más hermosa que había visto nunca, pensaba la cristiana. Se acercó a ella, se sentó junto a su lado y casi por sorpresa sus manos se unieron. Ninguna hablaba, solo contemplaban el atardecer y las formas que dejaba la caída del sol en el paisaje. La aldeana la mira, la cristiana la observa con la misma incertidumbre del principio. Se acercan, cada vez más. Un paso más y puede oler el aroma con sabor a especias que desprende la aldeana. La cristiana gira su hermosa cara, sus labios entreabiertos hacen que vaya desapareciendo el sol cada vez más rápido. Y entonces, sólo entonces, a la caída del sol sus labios se entrecruzan, sin separar las manos. Ambas quedan hechizadas por el calor de los rayos, de las especias, de las almenas, de la torre. Y así fue como se forjó la llamada torre de Santa Pola.



sábado, 21 de junio de 2014

Ínspirame.

Inspírame tú que puedes y tienes alas.
Inspírame tú, rosa marchita,
mariposa alada,
amanecer entre olas,
paisaje entre brumas.
Inspírame tú, que eres mujer
y sabes cómo hacer que vuele mi imaginación.
Inspírame tú, princesa de un cuento encantado,
guerrera de las amazonas,
ninfa de los bosques,
ama de la llave que cierra el candado

que lleva a tu corazón.



Ámame.

Ámame de la forma más salvaje que conozcas. Ámame como el sol a las flores, como la primavera a los cerezos, como la sangre a sus venas, como las gotas de lluvia a los bosques. Ámame sin prisas pero tampoco sin pausas. Desátame de esta condena, despójame de las cadenas que impiden que nos amemos de la manera más salvaje. No tengas miedo de hacer lo que te pido, pues lo estás deseando. Muérdeme, clávame los colmillos, aprisióname con tu cuerpo, sujeta mis nudillos y no dejes que la sangre recorra su ciclo. Así, así ámame de la forma más salvaje que conozcas porque esto son sólo letras. Letras que buscan que las plasmes en mi piel sudorosa, cargadas de deseos impunes. Deja que tu aliento traspase mi cuello desnudo. Deja que mi piel no sea piel, que sea el fuego de un volcán incandescente. Sediento de llamas. Simplemente ámame.



viernes, 20 de junio de 2014

Te quise tanto amor.

Te quise tanto amor. Quienes te conocen no saben que yo te conocí. Tantas y tantas veces te soñé. Y nunca me arrepentí de ti. No puedo imaginar la eternidad sin tus besos, sin tus abrazos, ni caricias ni miradas de loba. Quienes te conocen demasiado bien  no saben que ya te conocí, en un pasado incierto, quizás. En un pasado tan remoto que ni siquiera nuestros cuerpos existían, solamente nuestras almas. Y estas almas fueron el fruto de nuestros cuerpos hoy aquí presentes. Te quise tanto amor que volvería a desandar cada uno de mis pasos por llegar al origen de nuestro primer encuentro. Ahora que he muerto me doy cuenta de que te quise tanto amor…Pero no he muerto de dolor. He muerto de frenesí, vaivenes, de sueños, de placer, de locura, de pasión, de Amor. Cada día que pasa muero de amor, de pedacitos de ti. Y esto es lo que me hace revivir nuestro primer encuentro, esa llamarada que nunca se apaga porque no hay combustible que se atreva a romper nuestra llama. Por eso te digo que te quise tanto amor, que quienes te conocen demasiado bien no saben que ya te conocí.

jueves, 1 de mayo de 2014

Polvo somos.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos. Estas fueron las últimas palabras que escuché. Y se hizo lo ‘’gris’’ porque gris son las cenizas y gris estaba el cielo cuando morí. Gris era mi alma y azules eran los astros a lo lejos. El mundo ya no tenía aquellos colores vivos que había visto desde tantos años atrás. Mi cuerpo ya no era cuerpo, era una sombra gris, una nube de cenizas que volaba y volaba. Me habían lanzado desde la proa de un barco, como yo misma pedí que hicieran. Y ahora que soy polvo gris o cenizas, como quieras llamarlo, me pregunto: ¿a dónde voy a ir? Estoy dispersa entre la espuma blanca del mar y los delfines que asoman sus aletas, y entre el cielo estrellado. Dispersa entre el remoto mar de recuerdos o memoria, como vosotros decís, de los que un día lo significaron todo para este alma gris.  Polvo somos y en polvo nos convertiremos. Estos fueron mis penúltimos pensamientos porque finalmente se hizo lo gris!



martes, 11 de marzo de 2014

La tormenta de arena.

A los 16 años me marché de casa. No podía esperar a cumplir la mayoría de edad. La situación y el clima que se respiraba eran bastante hostiles. Divagué como pude por ciudades carentes de hospitalidad, por pueblos y remotas aldeas de escaso renombre. En las calles presencié multitud de hechos y anécdotas que no me atrevería a contar, al menos que desees tomar algo sentada a mi lado mientras contemplas cómo voy modelando mis trabajos de arena.
No tenía estudios ni ningún tipo de profesión. De pequeña siempre se me dio bien dibujar, tanto en papeles apergaminados como en la misma arena de la playa. Algunos turistas quedaban maravillados por mis trazos en la arena y no me vanaglorio de ello.
Ahora mismo escribo estas líneas observando mi última obra cumbre. Hay decenas de personas agrupadas haciendo la típica foto de recuerdo y lanzando algunas monedas. No recibo mucho dinero pero me sirve para subsistir.
Una vez presencié un accidente en una de las carreteras secundarias que solía tomar con mi bicicleta. Faltaban unos kilómetros para llegar al lugar de destino cuando un coche pasó por mi lado a una velocidad que hizo tambalearme con la bici. Casi caigo del arcén. Maldije para mí el importunio. Un minuto después oí el derrape de unas ruedas, el volantazo del coche que hacía unos instantes me hizo tambalear y el desastroso choque final con otro auto que venía en dirección frontal. Aceleré el ritmo para ver si había heridos graves pero unas fuertes corazonadas me lo afirmaban antes de llegar. Cuando llegué a la escena, podría decirse del crimen, vi a un hombre, posiblemente el conductor, tirado en la carretera. Su mujer, estaba junto a él, apoyada en la destrozada parte delantera del coche. Su cara es difícil de describir. Estaba sobrecogida por lo acontecido y no daba crédito a lo que sus ojos tenían delante. Tenía las manos en el pecho, la boca entreabierta, entre sollozando y gritando a la vez. Nunca antes había visto tanto dolor en la expresión de una persona y espero no volver a verlo nunca más.  La mirada del hombre estaba perdida. No escuchaba los gritos de su mujer ni mi insistente ayuda. Juro que no sé si estaba muriendo o si estaba renaciendo. Con la llegada de la ambulancia me marché. No podía soportar más dolor.

Ahora estoy presenciando de nuevo la escena. Quedé tan impresionada por el impacto, el dolor, ese medio morir-medio renacer que decidí plasmarlo en mi próximo trabajo de arena. Miro la expresión de las figuras y son asquerosamente realistas…Ojalá venga pronto una tormenta de arena y desdibuje sus rostros. Esos rostros que una vez contemplé y me dejaron horrorizada ante tanto dolor.



domingo, 9 de marzo de 2014

El último clavo


Sólo yo puedo recordar el griterío de aquel juego de niños que habitaba en esta casa, allá por 1936. La Guerra, la famosa guerra, trajo consigo el abandono de la morada que durante tantas décadas habité y sigo habitando. Me encontraba siempre en el recibidor de la casa. Fui testigo de la plenitud de una pareja recién casada, de los dos embarazos de la dueña, de la marcha a la guerra del marido, de las borracheras nocturnas tras su vuelta, de la dictadura vivida en el pueblo, de las habladurías y cotilleos de las vecinas. Un día de primavera, doña Elvira trajo un hermoso cuadro según ella, pues yo sólo podía oír lo que hablaban pero no disponía de ojos con los cuales observar.
-Pero si es un Murillo!
-No, no, es la copia de un Murillo. Se trata de la Familia sagrada del pajarito. Lo ha pintado el chico al que se le dan tan bien los pinceles y que vive en la Calle Mayor. Su padre es el alcaide. ¿A que es precioso?
-Precisamente estaba pensando en comprar algo para decorar este recibidor que pronto se llenará de visitas cuando des a luz.
Y esas fueron las primeras palabras que escuché. Sentí cómo una cálida mano me arrancaba de la oscuridad de un bolsillo de pana, lleno de hilachones y de multitud de llaves. Sentí una presión interna, cómo me iban clavando lentamente en la pared. Mi dueño, pobre de él que se llevó un martillazo en el pulgar en el primer intento, finalmente consiguió clavarme en la pared del recibidor. Me sentía como aquel personaje que todos mencionaban y que había sufrido tanto tras ser clavado a la cruz. Aunque mis dueños hablaban de Crucificado y crucifixión. Yo me sentía  igual que aquel Cristo pero con menos dolor. Así pues, fui testigo de todo lo que ocurría en el recibidor y escuchaba de lejos lo que ocurría en el resto de la casa.

Ahora han pasado ochenta años y sigo aquí, clavado en la misma pared del recibidor. Ahora sólo escucho el murmullo de las ratas y de las piedras que lanzan los indeseables a las ventanas de mis dueños, porque aunque hayan muerto en el olvido para mi seguirán siendo mis dueños. A veces me pregunto qué habrá sido del chico de los pinceles y de los niños que corretearon tantos años por el recibidor y que sin ellos saberlos le daban vida a este pobre clavo ya oxidado. Creo que el cuadro se lo llevaron, pues ya no siento tanto peso que soportar. Ahora soy un pobre clavo oxidado, que ni siente ni padece. Anhelo el griterío de los niños y de la vida en este hogar. Anhelo a doña Elvira, al niño de los pinceles, al tal Murillo que sin conocerlo sé que fue un genio de la pintura. No sé cuánto tiempo más permaneceré en este lugar. A veces maldigo la buena mano de mi dueño al clavarme en este recibidor. Ni los vientos ni las lluvias han conseguido inclinarme, más yo sólo deseo volver a sentir la vida de este lugar.


sábado, 8 de marzo de 2014

Tu vida conmigo será un misterio continuo.


-¿No sentís el calor? Aquí se respira el fragor de una batalla. Se respira fuego, ira, odio, gritos que llaman a la contienda. Mira sus ojos, parecen los del mismo Diablo.
 -¿Quizás sea Dante mi señor?
 -No puedo asegurarte nada mi pequeño aprendiz. El calor es tan asfixiante que no me deja meditar bien. ¿Pero qué ven mis ojos? Se alzan manos, quizás de guerreros que una vez perdieron el camino a su humilde hogar.
-Mi señor sus ojos tienen una especie de halo que me guían hacia ellos. Por mucho que quiero seguir sus palabras y evitar el fuego de este espantoso lugar, no soy capaz de dejar de mirarlos. Su mirada es poderosa y me hace sentir miedo, mucho miedo, pero también fortaleza. Sé que si no me uno a su mirada moriremos como aquellos guerreros que aún alzan sus manos en busca de la libertad.
-Mi pequeño aprendiz no caigas en el poder del maligno porque pronto hallarás…
 No pude terminar de escuchar la última frase de mi maestro. No quedaban rescoldos del fuego ni del asfixiante calor de hacía unas interminables fracciones de segundos. La última frase que pude escuchar atentamente fue la de los ojos que desprendían el fuego eterno. Y decíase así ‘’tu vida conmigo será un misterio continuo’’. Ahora encajan las últimas palabras de mi maestro. Lo que pretendía decirme era que pronto hallaría el misterio de las cosas, de la vida, del fuego eterno, de sus ojos.


martes, 4 de marzo de 2014

Carta El reencuentro.

Hacía años que no veía a Alejandra. Se había casado y había tenido dos niños preciosos. Tenía el trabajo que siempre había soñado cuando estudiaba periodismo en la facultad. Su único error fue no retroceder en el tiempo y contarle a Alejandra todo lo que sentía por ella desde la adolescencia. No era un simple cariño de mejores amigas. Era mucho más, era incluso más de lo que le ofrecía Carlos en sus años mozos y que ahora anhelaba. Después de haber pasado la etapa de madurez y sin saber de Alejandra desde no sabía cuando (había perdido la cuenta de los días, meses, años en definitiva), volvió a mirar sus diarios de cuando estaba en el instituto. Ahí todavía no existía Carlos. Sólo Alejandra. Recordaba cuando ella le pedía que le desvelara alguno de los secretos allí escritos y se negaba, cerrándolo con el candado y colgándose de nuevo la llave al cuello.
 Una noche loca, de esas en las que celebraban fiestas y bebían hasta que el cuerpo no aguantaba más, Alejandra se acercó al colgante y cogió la llave. La miró y le dijo ‘’algún día voy a leer cada palabra que escribes en ese diario y seré la mujer más feliz del mundo’’. Se llevó la llave a los labios y la besó, guiñándole a su vez un ojo. Marina recibió uno de sus vuelcos al corazón. Estuvo a punto de contarle todos sus secretos y besarla hasta el amanecer pero algo se lo impedía. Siempre tuvo miedo de romper esa amistad tan perfecta que ambas habían forjado desde la niñez. Temía que la magia acabase y que todo fuesen tinieblas.
Pero ahora tenía 30 años y estaba decidida a ponerse en contacto con ella y desvelarle todo el amor que había guardado desde hacía años. Arrancó una de las páginas sin utilizar del diario y empezó a escribir una noche, de las muchas en las que no podía dormir. Las palabras surgieron con tanta naturalidad… Siempre habían estado ahí, rondando en su cabeza, esperando a que les dejara salir.
Querida Alejandra,

Hace mucho que no sé de ti. No sé si sigues trabajando de periodista o si sigues en el mismo país, si te casaste o tuviste hijos. Te extrañará que aparezca así de repente. Nos prometimos no separarnos por mucho tiempo y hemos roto la promesa así que no puedo hacer menos que buscarte de nuevo. ¿Recuerdas el diario que escribía cuando estábamos en el instituto? Y que tanto me insistías en que querías leer algún fragmento y yo siempre me guardaba la llave. La misma llave que una noche de borrachera besaste…Pues esta noche me puse a releer las historias y he revivido cada una de ellas. Me he sentido joven por unos segundos, como cuando tenía 15 años. Te he sentido de nuevo conmigo. Aunque no estás aquí te puedo sentir. Te parecerá raro que te hable de esta manera pero así es cómo escribía en mi diario. Escribía sentimientos y sensaciones que no podía expresarte con palabras. Siempre tuve miedo a contarte lo que verdaderamente sentía por ti. Siempre fuiste mi mejor amiga, nos bañábamos juntas, dormíamos juntas, jugábamos, nos vimos crecer. Pero ya no tengo miedo. No puedo seguir ocultando que te quiero. Que siempre te he querido, no sólo como mi amiga que eras, sino como si fueses mi otra mitad. Eres la mitad que me hace falta en estos momentos. Cada día que pasa es un tormento. Siento que me falta algo, me faltas tú desde hace años. Me encantaría volver a tener 16 años y haberte dado la llave aquella noche que la besaste y haberte devuelto el beso. Me encantaría haberte sacado a bailar en el baile de fin de curso. Habernos besado durante la graduación mientras tirábamos nuestras bandas. Haberte cogido de la mano cuando tu padre te gritaba por llegar tarde a casa. Al fin y al cabo yo era la que hacía que te quedases un rato más en la despedida, jugando con tu pelo, recuerdas? Ay Alejandra, seguramente todo esto te pille por sorpresa y seguramente no querrás volver a saber más de mí pero bastantes años lo he guardado dentro de mí. Quiero que sepas que te quiero y aunque puede que nunca vuelva a verte, a estar contigo, a llorar o reírme contigo, te quiero. Con toda mi alma, te quiero.
Marina.

P.D: esta carta la escribí para la historia titulada El reencuentro de Myriam Luna.

domingo, 2 de febrero de 2014

La dolce vita.

No deb
í dNo          No debí dejar que cogiera el tren. Ese tren que marcaría el trágico destino. Si lo hubiese sabido antes me habría despedido de ella. Le habría recordado lo mucho que la amaba y que por nada en esta vida pensaba separarme de ella. Pero el destino así lo quiso y tenía que coger el tren para hacer un pequeño viaje con sus amigos del instituto. Hacía mucho tiempo que no los veía y estaba entusiasmada con la idea. Yo tenía que trabajar y no podía acudir al viaje. Ya me habría gustado. Pasaron varios días, una semana quizás. Ya no recuerdo. Está todo tan borroso en mi mente. En esos días recibí la noticia, por parte de sus amigos, de que ella había enfermado. Dichosa casualidad, ¿por qué enfermar cuando estás de viaje? Empecé a preocuparme pero viendo que no volvieron a decirme más nada pensé que todo había ido a mejor y que se había recuperado de su malestar.
Acudí a la estación acompañada de mi hermana. Esperábamos a que llegara el tren, yo con ansias, ella tranquila. Estaba empezando a desesperar. El tren no llegaba o era mi reloj el que no avanzaba. Los minutos pasaban y mis manos sudaban. Por fin escuché esa familiar voz de que el tren había llegado y con él, el resto de pasajeros. Vi a uno de sus amigos bajarse sólo del vagón. Le pregunté que donde estaba ella. Sonrió amargamente y empezó a decir las cosas más maravillosas que había escuchado de mi pareja, todo en presente. Quizás para no dañarme aunque yo ya me temía lo peor y poco a poco un nudo en el estómago se iba apoderando de mí. Estaba desconcertado. Le pregunté si ella no había preguntado por mí. Entonces él respondió ‘’sus últimas palabras fueron dolce vita’’ y cerró los ojos.
Vi  como mi mundo se desmoronaba en cuestión de segundos. Mis ojos se empañaban de lágrimas. Tenía ganas de gritar y salir huyendo de aquella estación. De aquel lugar que me la arrebató. Me giré de golpe y entonces, como si de la nada hubiese aparecido, allí estaba ella. Muy cerca del andén. Tenía la mirada perdida hacia el techo, como si estuviese mirando el panel de los viajes. Aún tenía ganas de viajar o quizás en su cerebro aún perduraba la idea de que se tenía que reencontrar con sus amigos de la adolescencia. Fui corriendo hasta el andén. La aparté de aquel lugar tan cercano a las vías y me fundí en un gran abrazo. No dejaba de llorar pero a la vez estaba feliz por estar entre sus brazos. Miré de reojo a los demás y me di cuenta de que la gente me miraba de manera extraña y hacían pequeños comentarios. Estaban todos inmóviles contemplando la escena. Ellos no la podían ver pero yo sí. Pero ¿sabéis que fue lo más maravilloso de todo? Que la podía sentir.
Me desperté de golpe. Mi rostro cubierto de lágrimas. Todo había sido una terrible pesadilla. Me giré y la encontré dormida junto a mí. Nada había sido real. Ahora tenía miedo de que fuese un presagio. Sin pensarlo me abracé fuerte, muy fuerte a ella. Creo que la desperté pero seguía con los ojos cerrados y musitando palabras entre sueños. No olvidaré lo que sentí tan sólo en unos segundos. Ahora sé que la amo más que a mi vida.




martes, 31 de diciembre de 2013

El mundo no se acabó.

El mundo no se acabó porque ni los griegos ni los romanos lo dijeron. Porque los mayas nunca entran en el examen (este año si) y por lo tanto no cuentan para la nota final. El mundo nos e acabó porque de las tres parcas una está de baja, la otra de rebaja y la siguiente de resaca. Y mientras el mundo se acaba o no se acaba Goya aún está pensando en su Duquesa de Alba. En ese proceso, entre lo real y lo sublime, aparece Becquer con su retrato haciéndole la competencia a la Gioconda. Su retrato tiene un ''non se che'', que con esa perilla y esa bigotillo, que Martín al cuadrado quiso imitar pero no le salió bien el escorzo, le dan un aire a lo divino. Y entre tanta aureola, Dalí levanta cabeza y le pregunta a la Gioconda: ¿por qué no llevas un nimbo si se supone que estás embarazada? Y la Gioconda le dice: ¿por qué no te callas? Y en esa disputa aparece Gaudí y dice ''ole colores, viva Triana y la Pastora pero de Cantillana''. Que los Sabios Magos os traigan oro, incienso y mirra. Y si Tito Livio pone prohibiciones lo mandamos a dar una vueltecita en la barca de Caronte.


domingo, 15 de diciembre de 2013

Hace años.

Hace años me sentía vacía. Sentía que lentamente iba perdiendo las pocas amistades que tenía. Que el amor no era lo que yo creía y se iba difuminando con cada historia de leyenda vivida.
Hace años era más débil que ahora. Pensaba que si me quedaba sola todo habría acabado y que no sería capaz de seguir adelante. Y llegó el momento de estar sola, de enfrentarme a la realidad, de seguir adelante por mi misma y por eso poco a poco me fui haciendo cada vez más fuerte.
Llegó un punto en el que me daba igual vivir en un mundo rodeada de gente pero sola al mismo tiempo. Porque prefería estar sola antes que mal acompañada. Pero llegó otro momento más actual en el que me di cuenta de que realmente no estaba sola. Estaba con mi presencia, sí, pero que en mi camino se iban interponiendo otra serie de gentes que frutos del azar o del destino me iban llenando, apoyando y ayudando poco a poco. Que sin pensarlo se convirtieron en mi todo y que sin ellas saberlo yo también formaba parte de su todo.

Doy gracias al azar y al destino de haber estado sola durante estos años y haberme dado cuenta de que a pesar de ello podía ser yo misma, con mis defectos y mis virtudes pero Yo. Doy gracias de haberme cruzado en mi camino a cada una de estas personas porque gracias a las experiencias vividas soy quien soy. He aprendido en cada una de las batallas presenciadas y también he disfrutado de los contados momentos felices que se me han planteado.

Y los sueños, sueños son.

Sueños, sueños rotos, sueños por cumplir. Soñamos despiertos, dormidos. Toda nuestra vida es un sueño y los sueños… sueños son y realidades serán. Lucha por cumplir tus sueños, tus anhelos, no dejes que nadie te los arrebate. ¿Qué sería una vida sin sueños, sin esperanzas, sin una vida paralela? Porque en realidad eso es lo que son los sueños, vidas paralelas, producto de nuestra imaginación. Son nuestras metas, nuestras alegrías, nuestros proyectos. Lo que poca gente lleva a cabo y son las más felices del mundo. Y lo que mucha gente no se atreve a realizar por miedo a dejar de soñar. No tengas miedo de dejar de soñar porque vivimos en un país de nunca jamás. Nunca jamás dejaré de soñar. Porque mi vida es un sueño y los sueños…sueños son y realidades serán.


Navidad.

Navidad, Navidad, falsa Navidad. Que de alegrías reparte todos los años y de nuevo te vas. Hace años que no me gusta la Navidad y mucho menos la disfruto como antes. Hace años yo creía en los Reyes Magos y Papa Noel pero esa ilusión se desvaneció. Hace años mis abuelos vivían y venían a celebrarlo a mi casa. Todo el salón estaba lleno de juguetes, árbol, polvorones, turrón, bombones, belén y sólo se escuchaban los villancicos y los golpes de pandereta que me gustaba dar, además de alguna que otra zambomba por los aires. Aquellos fueron los años más felices de mi infancia.

Pero ahora la Navidad para mí no tiene sentido. De 6 personas que nos juntábamos esas noches en casa ahora sólo quedamos tres. Y siento que pronto seremos dos y luego quizás una y me entra la nostalgia. Ya no me apetece ni arreglarme, estoy más cómoda en pijama un 25 de Diciembre. Y si te asomas a la calle ves que apenas hay gente. En 22 años que tengo aún no sé lo que es una fiesta la noche de Año Nuevo y tengo la certeza de que este año tampoco lo sabré, quizás lo sepa a la vejez. Mi mundo al revés. Me consuelo pensando que hay gente que está en mi misma situación o en situaciones parecidas. Algún día me gustaría conocerlas, algún día. Cuando el hombre sea hombre y deje de comer 12 uvas como fruto de buen augurio para el siguiente año. Cuando el hombre deje de comprar ropa interior roja y estrenarla por Navidad. Cuando todo los niños del mundo reciban un juguete en su hogar. Será entonces cuando yo volveré a disfrutar de la Navidad y volver a tener ese espíritu que hace años se perdió con mi último villancico.


No quiero que te vayas.

-No quiero que te vayas.
-He de irme, ambas lo sabíamos. Teníamos que estar preparadaa para este momento y el momento ha llegado.
-Pero yo te quiero. Me has hecho la persona más feliz del mundo en tan sólo unos días. No quiero imaginarme como de feliz sería si pasara una vida junto a ti. Despertarme a tu lado, llorar entre tus brazos, reír, gritar, correr, jugar, amar, sentir. Quiero seguir viviendo todas estas sensaciones. Quiero sentirme viva, saber que a tu lado me siento llena. Y quiero que sepas que lo que no ha separado la distancia no lo va a separar nadie.
-No voy a desaparecer, siempre voy a estar ahí.

- ¿Sabes? Tengo la certeza de que no vas a desaparecer. Nunca tuve miedo a eso. Desde un primer momento tuve la sensación de que esta vez todo iba a salir bien. Ha pasado un año y parece que cada día fuese como la primera vez que te conocí. Tengo la misma ilusión y sensación, ese cosquilleo en el estómago cuando voy a hablar contigo. Esas mariposas que recorren mi cuerpo cuando te veo.


En la playa.

Estoy sentada junto al paseo marítimo de una playa que visito desde pequeña. Apenas hay nadie porque es bastante temprano. Siento una extraña sensación, como si algo o alguien fuesen en mi busca. Soy incapaz de girarme. El trepitar de las olas y las bandadas de gaviotas me tienen absorta en mis pensamientos.
Alguien coloca sus manos en mis ojos de repente. Pego un respingo. Mi corazón cada vez está más agitado. Pregunto ¿quién es, quien hay ahí, quién me impide ver a las bandadas de gaviotas y las olas a lo lejos? No recibo respuesta alguna.
Sus manos son suaves y parecen delicadas. Me transmiten paz y tranquilidad. Empiezo a sentirme más relajada, como si supiera que conozco esas manos de antes, de mucho antes pero ¿quién podía ser? Empiezo a hacer memoria. Recuerdos, recuerdos, venid a mí, os necesito. Necesito un recuerdo que me aclaren con más facilidad estas manos delicadas y suaves.

Ella no podía ser, no podía estar ahí, en esa playa. Estaba trabajando a cientos de kilómetros de donde me encontraba ahora. Empieza a tararear una canción. Una melodía de verano, era nuestra canción sin duda. Sonrío y comienzo a tararearla yo también. Pronuncio su nombre y Eureka! Sus manos poco a poco me van dejando ver de nuevo el sol, las nubes, las gaviotas, las olas, la arena. Me giro y era ella quién estaba ahí y yo tan incrédula pensando que estaba a cientos de kilómetros. Casi se lo reprocho pero me limito a hacer una carrera hasta la orilla agarrada de su mano, de sus delicadas manos.


Estoy al soplo de una vela.

Estoy al soplo de una vela de volverte a ver. Han pasado meses desde la última vez que te vi. No sé cuál es el color de tu pelo ahora ni la ropa que llevarás puesta. Cuando te vi era invierno. Un invierno frío, oscuro. Era de noche. Las luces de los coches iluminaban mi pálido rostro. Apenas había transeúntes por la estación. Y Dios, mis piernas temblaban. No era capaz de controlar mi propio cuerpo. Nunca antes me había sentido tan nerviosa al conocer a alguien que sabía que iba a cambiar mi vida. Quizás por eso me sentía así.
Me senté en un banco y miré el panel. Aún tenía que esperar algo más de media hora para verte. No sabía qué hacer, si quedarme de pie o sentada, si llamar o escribir mensajes. Volví a ponerme en pie y a sentarme en otro banco. La gente que me contemplara pensaría que estaba hiperactiva pero así es como me sentía.
Y estoy de nuevo en la misma estación, con la misma sensación. He vuelto a llegar más de media hora antes. La diferencia está en que hay más luz y hay mayor número de transeúntes. Me asomo a las vías, veo tu tren llegar. Eres de las primeras en bajar, como siempre tú tan impaciente. Una amplia sonrisa se me dibuja nada más verte. Las dos corremos para nuestro encuentro. Hueles a rosas, a caramelo. Hacía tanto que no respiraba tu fragancia. Nos fundimos en un tímido beso que hace que se pare el tiempo. Estoy al soplo de una vela de detener el tiempo con un tímido beso.



sábado, 2 de noviembre de 2013

Las horas (The hours).

Siempre las horas acechando el momento de no volverte a ver. Siempre los minutos sospechosos, casi afirmando que va a dar la hora final.
Esta es la historia de 3 mujeres de diferente época, unidas por un libro en común, Mrs Dalloway. Se abre el telón y aparece Virginia Woolf. Con un aspecto demacrado, su tez pálida nos simula el triste final, la hora última. Diría que lo más emotivo es la escena cuando cruza el río recitando su carta, su hora. Además de su primera frase ''Mrs Dalloway said she would buy the flowers herself''.
Se cierra el telón y aparece una magnífica Meryl Streep, a la que parece que las horas no pasan por sus años. Ella interpretará a la nueva Mrs Dalloway, mujer de apariencia feliz que se dedica a dar fiestas para disimular su vacío existencial. Enamorada de un amor imposible y amada por un amor equivocado.
Se abre de nuevo el telón y aparece Julianne Moore en la década de los años 60. En un clima bastante hostil, sentada en su cama, reposando su barriga de ¿6 meses quizás?, lee la primera frase de Mrs Dalloway. Te mira fijamente, con una mirada perdida, se siente intrigada y se deja llevar por el resto de la historia. Ella también cuenta las horas para perderse de ese mundo tan injusto con sus preferencias sexuales. Lleva una vida que no desearía haber llevado, necesita escapar, ser libre de las horas.
''Para ver vida en un rostro. Siempre... para ver vida en un rostro y entenderlo por lo que es... y al final entenderlo y amarlo por lo que es y luego dejarlo ir. Siempre los años entre nosotros, siempre los años, siempre el amor, siempre... las horas.''




viernes, 1 de noviembre de 2013

Un te amo para ti.

Encontré un escrito en mi antiguo blog. Ya no me acordaba de él pero me gustó tanto que decidí que lo iba a subir de nuevo :)

Te amo en lo más profundo de mi ser. En lo alto de una colina de amapolas, allí estoy yo contemplando su belleza. Te amo de una forma sobrehumana, como nunca jamás creí que amaría a nadie. Nunca amé a nadie como a ti. Eres mi ser, mi alma, mi vida y mi amor. Sin ti nada es igual. Sin ti mi vida es un profundo abismo. Es verdad lo que dicen de que solamente se ama una vez, lo demás son simples atracciones y meras ilusiones. Tu voz es la melodía que escucha mi corazón antes de dormirse cada noche. Eres la llama de fuego que mantiene mi amor, por ti aún vivo a pesar de las heridas. Porque ni el fuego ni las heridas podrán nunca apagar los rescoldos de nuestro amor que siguen reviviendo cada segundo que pasa en nuestra dulce historia de dos. Serias la única persona por la que daría la vida y por la que moriría si tu murieras. Eres la luz que me ilumina cada día al despertar, por eso y mucho más te amo cada día un poco más.


Revista Aldaba.

Es la primera vez que hablo en primera persona en este blog pero tenía que contaros que el Miércoles recibí una gran noticia. Publicaron en la revista Aldaba el relato que subí hace tiempo en el blog sobre el Retrato de Bécquer. Era la primera vez que me presentaba a un concurso y me hacía mucha ilusión que eligieran el relato para la revista. Creo que debería presentarme más a menudo y no pensar siempre que no voy a quedar de las primeras porque tan mal no escribo, no? ^^ Para quienes no leyeran el relato lo vuelvo a colgar y espero que disfrutéis de él tanto como disfruté yo al escribirlo.